¡¡¡EN CASA!!!
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Ya estoy en casa. Tengo la sensación de haber sido el primero de los que estábamos en Shanghai en llegar a mi destino. He hablado con mis compañeros de La Sexta, que siguen allí. Igual que todo el equipo Ferrari, que están tratando de organizar un charter para volar a Roma, pero hoy por hoy aún no lo ha logrado. La FIA también está tratando de fletar un avión y ha invitado a la prensa a que se sume, sin embargo los precios no son muy competitivos. McLaren es otro que está organizando un charter; estoy recibiendo mensajes de una de sus responsables de prensa y creo que con toda la tensión me los está mandando por error.
Los aeropuertos europeos poco a poco se van abriendo, pero el problema ahora va a ser el overbooking. Hemos tratado de conseguir billetes a través de la misma vía de escape que yo, Estambul, para el resto del equipo de La Sexta, sin embargo no hay nada disponible para los próximos días. Tampoco vía Dubai, así que lo vamos a intentar por el otro lado. Puede que os parezca una locura, pero es lo que hay. De momento la mejor opción es un vuelo que sale mañana por la mañana de Shanghai a Los Angeles, pasar la noche allí, volar a México DF y luego Cuba. Por fin desde Cuba volar a Madrid. Si finalmente esta es la opción no llegarán a casa hasta el viernes a las seis de la tarde. Una faena.
Mi regreso ha sido relativamente tranquilo. El vuelo de Shanghai a Estambul salió casi en hora. Este no me preocupaba, el que tenía peligro era el de Estambul a Madrid. He llegado a Turquía a las cinco de la mañana con la tarjeta de embarque para el siguiente vuelo en la mano. Nada más salir del avión unas azafatas con carteles han llamado a todos los viajeros con intención de volar hacia Europa. Así, poco a poco, nos hemos juntado unas 40 personas. Cuando ya estábamos todos reunidos la azafata nos dicede que sólo hay tres opciones para entrar en Europa: Viena, Praga y Milán. Había que elegir un destino. La gente ha empezado a gritar: "Milano, Milano", " Praga...". Yo, perplejo, trato de buscar en mi teléfono información a través de internet. Cuando me metí en el primer vuelo 14 horas antes los aeropuertos españoles se estaban cerrando, pero Madrid continuaba abierto. ¿Se habría cerrado Madrid?
Trato de preguntarle a la azafata si no es posible volar a Madrid y me contesta muy seria: "Milan, Praga o Viena". Yo le insisto y la pregunto si han cerrado Madrid, pero no me contesta. Enfadado le pregunto qué tenemos que hacer los que no queremos ninguno de esos destinos y la servicial y "simpática" señorita me dice que no sabe. Un gracioso que tengo detrás me sugiere que vuelva a Shanghai... Me controlo porque me dan ganas de ahogarle. La azafata pide que la sigamos y todos se van detrás de ella menos yo. Después de unos segundos pensando qué hacer la sigo: voy a Milán, alquilo un coche y vuelvo por carretera... o me arriesgo y espero a que abran Madrid. También puedo buscar un vuelo a Marruecos o a Argelia y regreso en barco. Tengo que tomar una decisión porque la azafata y el grupo se van. Decido quedarme solo.
Me dirijo a la terminal y busco la primera pantalla de información de vuelos. Casi todos tienen el cartel de cancelado, sin embargo a las 8.15 hay uno que no lo está, ¡ES EL DE MADRID! Me dan ganas de volver, buscar a la azafata y asesinarla, pero la alegría puede con la rabia. He podido liarla parda si me llego a ir con ella. Me tranquilizo y me voy a la sala Vip y allí me encuentro con Aman Barfull, del Circuito de Cataluña, y Marc Martí, el copiloto de Dani Sordo. Han estado en el Rally de Turquía y las han pasado también canutas para volver. Me han contado que muchos franceses, ingleses y demás se habían ido por carretera. Ellos volaban a Barcelona así que cuando ha llegado mi hora me he despedido y me he ido.
Al subirme al avión la sensación de que el vuelo todavía podía cancelarse seguía conmigo. Siento un deseo incontenible de que el avión eche a volar. Pasa el tiempo y el retraso supera los 45 minutos, pero después de ese tiempo se cierran las puertas y despegamos. Cuatro horas después estoy en Madrid. He tenido mucha suerte, pero la clave estuvo en que el jueves reaccioné y busqué una alternativa. Mucha gente en Shanghai pensó que la historia del volcán no iba a ser tan grave.
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